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Parto respetado, parto seguro

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Parábola de la preparación al parto.

Una de las cosas que siempre me pasan cuando estoy de vacaciones, aunque sólo sea una semana y de postoperatorio como ahora, es que leo, casi convulsivamente, varias cosas a la vez. Una novela, siempre regalada, y un par de autores de los poco habituales. En este caso están siendo Cristina Kaufmann (que aprovecharé un texto suyo precioso para cerrar por vacaciones mi otro blog) y Echart Tolle.

Siempre comienzo mis charlas de preparación al parto (sobre anatomía y biomecánica del parto y sobre manejo del dolor) diciendo que mi intención es ayudar a cada mujer a que conozaca todo lo que tiene, su cuerpo, su fisiología, su instinto, para que descubra que tiene en ella todo lo que se necesita para vivir el mejor parto posible, y crea en ello y se sienta capaz y autónoma, que mi única función es estar allí al lado por si la naturaleza, que no es perfecta, falla.

Leyendo a Echart Tolle me he encontrado esta historia, que creo que contaré a partir de ahora en mis charlas:
Un mendigo había estado sentado a la orilla de un camino durante más de 30 años. Un día pasó por allí un extraño. “¿Tienes algunas monedas?”, murmuró el mendigo, estirando mecánicamente el brazo con su vieja gorra. “No tengo nada que darte”, respondió el extraño. Y luego preguntó, “¿Qué es eso sobre lo que estás sentado?”. “Nada”, replicó el mendigo, “sólo una caja vieja. He estado sentado sobre ella desde que tengo memoria”. “¿Alguna vez has mirado en su interior?”, preguntó el extraño. “No”, respondió el mendigo, “¿Para qué? No hay nada adentro”. “Echa una ojeada”, insistió el extraño. El mendigo logró entreabrir la tapa. Para su asombro, incredulidad y euforia, descubrió que la caja estaba llena de oro.

Yo soy ese extraño, igual de pobre, que no tiene nada para darte y que te dice que mires en tu interior. No dentro de alguna caja -como en la parábola- sino en un lugar aún más cercano: dentro de ti misma.

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